¿Dónde están mis pies?

Ya describí esta técnica en otra ocasión en https://noemipsicologa.com/2017/11/08/bajando-el-volumen-tecnica-rapida-de-recuperacion-del-control/

Pero muchos padres me siguen preguntando por ella, así que voy a retomarla y enseñaros cómo llevarla a cabo.

Este método nos ayuda a recuperar el control en esos momentos en que ya no podemos más, en que dejamos que las emociones nos sobrepasen y perdemos el control, que gritemos cuando, en el fondo, sabemos que debemos mantener la calma.

Explicado parece largo, pero en la práctica, nos lleva segundos. Empecemos:

Por supuesto, lo más importante y más difícil, es detectar cuando estamos empezando a perder el control. Ese momento en que la frustración, el enfado, el cansancio… se acumula y estamos a punto de dejarlo salir en un estallido que no va a servir a nadie realmente. En ese momento en que nos damos cuenta, es cuando tenemos que buscar nuestros pies (o el trasero si estamos sentados ?) “¿Dónde están mis pies?” y entonces los afianzamos en el suelo, sentimos nuestro cuerpo a través de ellos y respecto al entorno.

Entonces buscamos ese punto de nuestro cuerpo que, a través de lo que estábamos sintiendo, se estaba poniendo tenso. Pueden ser los hombros, la mandíbula, los puños… cada persona es diferente y debemos encontrar el nuestro. Y una vez lo encontramos, lo relajamos. Sólo ese punto es suficiente.

Y es ahora, cuando ya no gritamos. Ya no perdemos el control. Porque hemos recuperado el control racional y las emociones no nos dominan.

Por supuesto, las primeras veces no suele funcionar porque se nos olvida, y nos acordamos de nuestros pies demasiado tarde. Pero con práctica, ya veréis como poco a poco, sois capaces de realizar el proceso sin ni siquiera pensarlo.

Y si lo usáis, ¡no dudéis en comentarme cómo os ha ido!

One´s greatest challenge is to control oneself” Kazi Shams

Leer más

Regulación emocional. Pasemos a la práctica.

Hace tiempo publiqué un blog sobre algunas pautas sencillas para incluir la educación emocional en la educación de los niños. Lo podéis consultar en Educación emocional. 5 pautas clave a seguir con nuestros hijos.

Hoy os quiero hablar de cómo ayudar a nuestros hijos en momentos emocionales intensos. En ese tipo de momentos en los que “se nos va de las manos” y “ya no puedo más”. Es en esos momentos en los que solemos perder el control de la situación y nos bloqueamos, en muchas ocasiones sin darnos cuenta de que los peques han perdido el control antes que nosotros y necesitan nuestra ayuda. Una ayuda que, a la larga, les va a enseñar a auto-regularse emocionalmente.

Y es que hay un aspecto muy importante en todo esto, toda ayuda debe ser planificada con un objetivo claro: desvanecer hasta retirar la ayuda. Nuestro objetivo no es resolver el “problema” con ellos, sino que ellos mismos consigan resolver esas situaciones adecuada e independientemente. Esta parte, como padres pero también como profesionales, puede ser la parte más difícil, pero una parte en la que debemos pensar y para la que debemos prepararnos.

En cuanto a la parte del control, es fundamental que no lo perdamos, que consigamos mantener una actitud calmada y segura. Para ello podemos utilizar diferentes técnicas: contar, respirar, ¡o buscarnos los pies!Bajando el volumen… (Técnica rápida de recuperación del control) Cuanto más en control estamos, más seguridad les damos a nuestros niños. Pero la prioridad aquí es darnos cuenta de dos cosas:

–          Estamos perdiendo el control y debemos recuperarlo.

–          Nuestros hijos necesitan nuestra ayuda y apoyo en un momento que les resulta muy difícil y confuso (mucho más incluso que a nosotros).

Y ahora llega el momento. Tenemos al niño subiéndose por el banco de la cocina de la emoción que tiene por ayudarnos a hacer la cena. O a la niña que se le ha roto el dibujo que estaba haciendo y llora desconsolada mientras tira sus colores. O al que se le ha caído el helado por ir saltando mientras lo comía a pesar de las veces que le hemos avisado de lo que podía pasar.

Y entonces, en público o en privado, se nos cae el mundo a los pies porque vemos que la situación nos va a sobrepasar.

La decisión aquí puede tomar dos rutas: actuamos tomando control de la situación, marcando directrices, y resolviendo la situación en el momento. O ayudamos desde la comprensión, la enseñanza y el respeto, sabiendo que posiblemente nos cueste más tiempo. La respuesta por supuesto es la segunda opción, no solo porque éticamente sea mejor, sino porque además permite que se produzca un cambio a largo plazo, un cambio que hace que los niños aprendan estrategias que les van a servir de por vida.

¿Cómo lo hacemos entonces? Una vez estamos en condiciones de hacerlo, de estar calmados y poder mantener esa calma, buscamos un lugar tranquilo. Y esto no significa necesariamente irnos de dónde estamos, sino simplemente crear con nuestro cuerpo y nuestras palabras (“tenemos que hablar un momento” dirigido a los demás, no al niño) un área segura, donde no se sientan observados (o la vergüenza impactará en la situación). Entonces, debemos VALIDAR las emociones que están sintiendo y CONECTAR con ellos desde nuestra perspectiva: “Parece que estás muy contento de poderme ayudar, a mí también me hace mucha ilusión”, “Veo que se ha roto tu dibujo, seguramente te sientas triste y enfadada por ello, a mí tampoco me gustaría si me hubiese pasado”, “qué rabia que se te haya caído el helado, yo me sentiría muy triste si me hubiese pasado”.

Eso sí, evitar el “no pasa nada”. Porque sí pasa. Lo que ha ocurrido, es importante y no debemos despreciarlo. Ni buscar soluciones rápidas que, generalmente ni siquiera son válidas: “te compro otro helado” simplemente estaría buscando una solución fácil sin entrar en la parte emocional y sin que su propia conducta sea tenida en cuenta. “Puedes hacer otro dibujo” quita toda la importancia a su esfuerzo y a algo que, para ella, es irrepetible.

Y aquí hay que esperar, darles una oportunidad de comenzar a bajar los niveles de intensidad emocional. Y un abrazo, cogerles de la mano o ponerles la nuestra cerca, ayuda, si lo aceptan. Siempre es mejor pedirles permiso u ofrecerlo.

Yo recomiendo mucho, especialmente con nenes más pequeños, trabajar nuestra respiración delante de ellos. Si encima hemos conseguido el abrazo, más fácil aún. Sencillamente, respiramos más fuerte, profundamente y despacio, de modo evidente. Se suele producir un contagio, que ayuda a que ellos mismos se relajen. En niños más mayores (o cuando ya hemos trabajado de este modo en más ocasiones) podemos incluso recordárselo ya sea verbal o gestualmente, exagerando nuestra respiración a la vez que hacemos una invitación a seguirnos.

A este punto puede que tengamos que volver varias veces. Cada vez que surja algo que de nuevo altere la estabilidad emocional, que de por sí es frágil en estos momentos, será demasiado fácil volver a incrementar la intensidad emocional.

Llegados a este punto, ESCUCHAMOS sin evaluar, sin juicios. Debemos escuchar de verdad, ACEPTANDO que su punto de vista es válido para ellos y no debemos imponer el nuestro.

Y entonces buscamos soluciones, con ellos, teniendo en cuenta sus decisiones “no quiero hacer otro dibujo ahora, ni con tu ayuda”, pero sin que todo valga tampoco. No es cuestión de reemplazar el helado, pero sí podemos compartir (que no ceder totalmente) el nuestro. Podemos dar alternativas e ideas, pero de nuevo sin juzgar lo ocurrido, sin volver al “pero es que lo que tú has hecho…”, sino al momento en el que estamos ahora.

Y en casos como el del helado, algunos os preguntaréis, ¿y por qué no?. Si han conseguido calmarse, hablar de ello… Pues porque no debemos olvidar que estamos trabajando dos cosas aquí. Por un lado, que aprendan a gestionar sus emociones y por otro, que aprendan las consecuencias de sus propias acciones. Y sí, el no llegar a un desenlace perfecto, puede provocar el que pierdan el control de nuevo, pero esta vez, sabemos lo que estamos ayudándoles a trabajar y podemos seguir haciéndolo. Con paciencia, practica, y sabiendo que estamos ayudando de verdad a nuestros niños.

Porque todo esto necesita práctica, tanto para los niños como para nosotros. Cuanto más practiquemos, más fácil y natural nos saldrá.

Y siempre recordar, el desvanecimiento del apoyo debe estar presente. Tal y como veamos que los niños son capaces de realizar uno de los pasos por sí mismos, dejamos que lo hagan.

A la hora de generalizar e interiorizar el aprendizaje, os puede ayudar mucho hablar del suceso en un momento de calma, por ejemplo cuando veamos a alguien comportarse de modo similar, o cuando nosotros hayamos perdido el control “¿recuerdas cuando el otro día te pusiste tan contento que no podíamos ni empezar a cocinar?, pues eso me ha pasado a mí en el trabajo hoy y he acabado tirando unos papeles que no debía. Al final he tenido que volver a empezar todo de nuevo. ¿Qué crees que podría haber hecho y que te ayudó a ti ese día?”.

“Cuando digo controlar las emociones, quiero decir las emociones realmente estresantes e incapacitantes. Sentir emociones es lo que hace a nuestra vida rica.” Daniel Goleman

Leer más

Babies and older siblings.

The arrival of a new family member is usually a very special, emotional and beautiful time. However, for those families where the baby is not the first one, the arrival can be filled with some concern: how will the older sibling adapt to the changes?, will he be jealous, how can we help her to get along?

We usually explain what’s going to happen, but sometimes we don´t realize how, some of the things we talk about are too abstract, too hard to understand, or too far away in time, so they lose their meaning soon.

Where do we start then? Let’s see some guidelines that can help with the process:

– During the pregnancy, it is important to talk about what is happening, explaining the changes as they occur. The ones we can easily see, like mom’s tummy getting bigger, are the ones that will make the most sense for them. If we support this changes with explanations according to their age, and even pictures and videos from when they were themselves in that tummy, even better. But we also should involve them in the changes in the house, such as the redistribution of rooms, furniture, etc. especially when some furniture can change its function or go from being something only one person uses, to something to be shared.

– Having a new baby at home is very nice… And tiring, because it requires a lot of attention and does not allow for enough sleep. And boring, because they just do nothing but sleep and eat, and we have to be silent at times during the day, which did not happen before… And all this must be explained to the children properly. If we only tell them the nice part, what a disappointment they will get when they experience reality! Also, they’re not going to play with them, at least not at first. Beware of what we tell them, we do not want raise expectations that are not going to be fulfilled. We don´t need to scare them but give them the truth.

– However, there are beautiful moments that can be shared and enjoyed together: having a bath, singing Lullabies… and we can offer the older child to be part of them, and decide if they want or not.

– When the baby arrives, we should try, as much as we can, to make sure the routines don’t change for the older ones: to have to go to a relative´s house for a couple of days, to have a different person taking them to school, can impact on them more than we think. And when visiting mum at the hospital, it would be better if the baby is in the crib when they arrive and we focus on them before introducing the baby.

– As we have done in preparation for the arrival of the new baby, we keep talking about when the older ones were babies, what they did, how, anecdotes… And we give them the opportunity to go back to it by leaving photo albums within their reach for example. Always without comparing. Each child is unique.

– We must create opportunities to do things together, both with the new baby and alone. And that goes for both parents. Creating times to spend time and activities only with mum or dad, like going to the park, making a cake, playing a board game… are special moments that make the children feel still included in the family, not that they´ve lost something important with the arrival of the baby. When we do activities one to one and another little brother or sister wants to join the game, we must involve the older child in the decision. We should reflect on: Can they really follow the game? It may be too young to follow the rules and we have to change the game. Then we need to finish the started game and then involve everyone. Or they may not know how to play but can be taught, and who better than the older brother to help with the teaching. Or it may be a game that the older one does not want to share or is special to them as a game they only play with mom or dad. So we can put it away for another time. There are things that the elders can do that the little ones aren´t ready for yet, and that must be recognized by all.

–  There’s no need to share. Some toys will be of each one while others will be for sharing.  And while we give a lot of value to sharing, it must be accepted when they don’t want to. Full acceptance, no judgments.

– As they grow, conflicts will arise. And as difficult as it may be, we must try to stay out of the conflict as long as it´s safe, let them solve it themselves. We must value the fact that they managed to solve it, without judging the ways or the reasons they used, the decision or what had happened before. We value the fact that they have been able to resolve it between them. Bit by bit we will encourage the sense of fairness if they are not taking it into account, but always valuing that they do it themselves, and we, as parents, do not take sides.

–  When doing chores, everyone can help, in different ways and with different responsibilities, but with the participation of all.

– We cannot force feelings. We can’t force the children to love each other. Sometimes we put too much pressure on them to love the little brother or sister who just arrived but, they don’t even know them! Give them time.

 

Of course, the children´s different ages are going to determine some of this but adjusting a little and seeing it from their point of view (despite the fatigue, hormones, stress…, which is the difficult part we face as parents) we can help the relationship between siblings to be better.

«Though you are different from me, my brother, far from harming me, your existence enriches mine» Antoine de Saint-Exupery

Leer más

Bebés y hermanos mayores.

La llegada de un nuevo miembro de la familia suele ser un momento muy esperado, emotivo y bonito. Sin embargo, para aquellas familias en los que el bebé que llega no es el primero, también suele vivirse con cierta preocupación: ¿cómo se adaptará a los cambios?, ¿tendrá celos?, ¿cómo podemos ayudar a que se lleven bien?

Solemos explicar qué está pasando, pero a veces olvidamos que, para los niños, algunas de las cosas de las que hablamos son demasiado abstractas, demasiado difíciles de comprender, o muy lejanas en el tiempo, con lo que pierden pronto su sentido.

¿Por dónde empezamos entonces? Vamos a ver algunas pautas que pueden ayudar con el proceso:

–          Durante el embarazo, es importante que les hablemos de lo que está pasando, que les mantengamos al día con los cambios. Aquellos que se ven, como la tripa de mamá haciéndose más grande, son los que más sentido tendrán para ellos. Si lo reforzamos con explicaciones acordes a su edad, e incluso fotos y vídeos de cuando ellos mismos estaban en esa tripa, mejor todavía. Pero también hay que involucrarles en los cambios en la casa como la redistribución de habitaciones, muebles, etc. especialmente cuando algunos muebles pueden cambiar de función o se tengan que empezar a compartir.

–          Tener un nuevo bebé en casa es muy bonito… Y también agotador, porque requiere mucha atención y no deja dormir del tirón. Y también aburrido, porque apenas hacen nada más que dormir y comer, y encima tenemos que estar en silencio en algunos momentos durante el día, lo cual no ocurría antes… Y todo esto debe explicarse bien a los niños. Si sólo les contamos la parte más bonita, ¡menuda decepción se van a llevar con la realidad! Además, no van a jugar con ellos, al menos no al principio. Así que cuidado con lo que les contamos, no creemos expectativas que luego no van a ser ciertas. La verdad, pero sin asustar.

–          Sin embargo, hay momentos bonitos en lo que sí puede ayudar: el baño, cantar canciones de cuna… y podemos hacer al niño partícipe de ellos, siempre que quiera, eso sí.

–          Cuando llega el bebé, intentemos que las rutinas no cambien para los mayores, dentro de lo que se pueda. Que no tenga que irse de casa, que le lleve al colegio la misma persona… Y al visitar a mamá en el hospital, mejor si el bebé está en la cuna y primero centramos la atención en ellos, antes de presentarles al bebé.

–          Igual que hemos hecho en la preparación a la llegada del nuevo bebé, seguimos hablado de cuando los mayores eran bebés, lo que hacían, cómo, anécdotas… Y les damos la oportunidad de volver a ese tema dejando a su alcance álbumes de fotos por ejemplo. Y siempre sin comparar. Cada uno es único a su modo.

–          Hay que crear oportunidades para hacer cosas juntos, tanto con el nuevo bebé como solos. Y eso va por ambos progenitores. Crear actividades que se puedan hacer solos, ir al parque, hacer un bizcocho, un juego de mesa… son momentos especiales que hacen que los niños se sientan incluidos en la familia, que no sientan que han perdido algo importante con la llegada del bebé.

–          Cuando realizamos actividades uno a uno y otro hermanito o hermanita se quiere unir al juego, debemos involucrar al primero en la decisión, y además, preguntarnos: ¿Puede realmente seguir el juego? Puede que sea demasiado pequeño para seguir las normas y haya que cambiar de juego. Entonces podemos terminar primero y luego involucrar a todos. O puede que no sepa jugar pero ya se le pueda ir enseñando, y quien mejor que el hermano mayor para ayudar a enseñarle. O puede que sea un juego que el mayor no quiere compartir o es especial para él o ella como juego que hace sólo con mamá o papá. Así que lo podemos guardar para seguir en otro momento. Hay cosas que los mayores podrán hacer que los peques aún no, y eso ha de ser reconocido por todos.

–          No hay por qué compartir. Algunos juguetes serán de cada uno mientras que otros serán conjuntos. Y mientras se le da mucho valor al que compartan, se debe aceptar cuando no quieren hacerlo. Aceptación plena, sin juicios.

–          A la que vayan creciendo, surgirán conflictos. Por muy difícil que nos resulte, debemos intentar mantenernos al margen, dejar que ellos mismos lo resuelvan. Y valorar el que lo hayan resuelto, sin juicios sobre las razones, la decisión o el qué había ocurrido antes. Damos valor al hecho de que lo han sabido resolver entre ellos. Poco a poco iremos fomentando el sentido de lo que es justo si no lo están teniendo en cuenta, pero siempre valorando que sean ellos mismos, que nosotros, como padres, no tomamos partido.

–          A la hora de realizar tareas en la casa, todos pueden ayudar, en distintos modos y con responsabilidades diferentes, pero con la participación de todos.

–          Los sentimientos no se fuerzan. No podemos forzar a los niños a quererse. A veces ponemos demasiada presión en ellos para querer al hermanito o hermanita que acaba de llegar pero, si ni siquiera le conoce! Tiempo al tiempo.

 

Por supuesto, las edades de los niños van a determinar mucho algunas de estas pautas, pero ajustándonos un poquito y viéndolo desde su punto de vista (a pesar del cansancio, las hormonas, el estrés…, que es la parte difícil que nos toca afrontar como padres) podremos ayudar a que la relación entre hermanos sea más fácil y bonita.

“Aunque eres diferente a mí, hermano mío, lejos de dañarme, tu existencia enriquece la mía” Antoine de Saint-Exupery

Leer más

Criando a nuestros niños con ¿respeto?

El mayor conocimiento e interés en el desarrollo de nuestros hijos, nos ha llevado a un cambio en la visión de cómo criamos a nuestros hijos. Qué oportunidades les ofrecemos, como apoyamos sus potencialidades, cómo respetamos sus características individuales. Entendemos que debemos apoyar su curiosidad, su necesidad de explorar el mundo, de jugar y aprender mediante el juego.

Una visión muy positiva, totalmente centrada en el niño… siempre y cuando entendamos los diferentes momentos de desarrollo del niño y cómo apoyar cada uno de ellos, en su justa medida en cada momento.

El desarrollo del niño tiene muchas dimensiones interrelacionadas entre sí, y no podemos olvidarnos de ninguna, entendiendo además que no todas se desarrollan al mismo ritmo, y no del mismo modo en cada niño.

des global niño

Entender y ser capaces de darnos cuenta de que todas estas áreas se están desarrollando de un modo adecuado no es fácil. Y cuando intentamos además guiarnos por un modelo de crianza determinado, el tema se complica aún más, ya que podemos no estar dando la suficiente importancia al conjunto de áreas si sólo nos centramos en una determinada. Es más, debemos tener mucho cuidado, cuando escuchamos a diferentes corrientes, que no estemos escogiendo lo que más nos gusta de cada una en base a nuestros gustos y creencias, pero sin evaluar su impacto global en la crianza de nuestros niños. Encontrar un equilibrio coherente y consistente es fundamental para ofrecer a nuestros hijos seguridad y un entorno adecuado en el que poder desarrollarse.

Cuando hablamos de respetar al niño, lo equiparamos a darles libertad, con lo que, hablar de límites cuando hablamos de respeto suena contradictorio, pero ¿lo es?

Debemos plantearnos, si les estamos dando demasiada libertad, cuando aún no están preparados para ella.

Pongamos un ejemplo. Cuando el niño pequeño comienza a andar, no le soltamos de la mano directamente. Entendemos que necesita práctica, asentar ciertas destrezas psicomotrices, un tono muscular adecuado, e incluso ayudas y apoyos. Sin embargo, cuando empezamos a tratar de razonar con el niño pequeño, en ocasiones se nos olvida que este razonamiento no puede ser equiparado al de un adulto, sino que se trata de un “entrenamiento”, una práctica, que hará que a la larga el niño tenga mejores estrategias a la hora de razonar.

Lo mismo con la libertad que le ofrecemos: ¿está el niño preparado cognitivamente para realizar elecciones importantes? ¿O le estamos abrumando con demasiadas decisiones o número de elecciones a procesar? ¿Qué hacemos cuando la decisión que toman no es la que consideramos adecuada? ¿Cómo decidimos en qué decisiones intervenir y en cuáles no? ¿o cómo respondemos como adultos a una “mala” decisión? Es un proceso lento, y debemos centrarnos en la capacidad y desarrollo de cada niño para ir decidiendo cuando está preparado para más, por sí mismo, sin comparaciones con otros niños, guías basadas en la edad o similares. Y sin perder nuestro rol de adultos.

Si nos negamos a marcar ningún tipo de límites llega un momento cuando nos encontramos con que no estamos ayudando a que los niños desarrollen ningún tipo de regulación emocional, con lo que llegan a desarrollar conductas que afectan a sus relaciones sociales, a la percepción de sí mismos, y en general, a cómo se desenvuelven en el mundo.

El respeto por su propio cuerpo va a desarrollarse en gran medida por el respeto que le demos al nuestro con respecto a ellos. Por supuesto, todo de forma progresiva, pero con un objetivo claro: estamos ayudando a que nuestros niños desarrollen un concepto claro de los límites de espacio corporal con el resto de las personas y consigo mismos, de modo que estén seguros el día de mañana. Si dejamos que un niño se nos tire encima de golpe cuando es pequeño sin regular esa aproximación, cuando sea mayor, le estaremos frenando de golpe porque nos hará daño, e intentaremos explicarle en el parque que no puede tirarse encima de los otros niños con un montón de palabras y explicaciones que estarán mezclándose en su cabecita con sus experiencias previas y lo divertido que siempre ha sido tirarme encima de papá o mamá. Sin embargo, si dejamos claro desde un principio, con cariño, cuáles son los límites de nuestro cuerpo y cómo hacerlos respetar asertivamente, les estaremos enseñando cómo hacerse respetar a ellos mismos y su propio cuerpo.

Vamos viendo así, como estas áreas se relacionan entre sí.

Los límites ayudan a los niños a sentirse seguros, a crear una buena imagen de sus personas de referencia y con ello, a poder desarrollar una buena imagen de sí mismo.

Leer más en Autoestima y Autoconcepto. Pautas para su fomento

El problema es cuando, aferrándose a esta idea de respeto mal entendido, se desarrollan programas y directrices que, llevadas a la práctica por bienintencionados padres, pero sin tener ese conocimiento extra del desarrollo del niño y, más importante, de los distintos momentos en los que se encuentra ese niño en particular, no sólo no ayudan a un desarrollo sano, sino que puede incluso perjudicarle en su desarrollo social, cognitivo y, especialmente, emocional, ya que en ocasiones creamos una brecha demasiado grande entre las áreas de desarrollo, sin ser conscientes de lo que estamos haciendo. Porque todo está enlazado y, cuando “respetamos” que el niño decida por sí mismo cuando dormir, por poner un ejemplo, y no ayudamos a crear hábitos saludables de sueño, podemos estar creando un problema importante, teniendo en cuenta la importancia del descanso y el sueño en la salud del niño.

Y ojo con poner límites sólo a cosas concretas, recordar: coherencia y consistencia.

Un añadido a esto, y que ya mencioné en parte en Individualismo y educación., es el respeto por los diferentes ritmos de aprendizaje. Un concepto totalmente loable, pero ¿cómo determinamos lo que no es más que un ritmo diferente y lo que son dificultades reales? Hay muchas dificultades que, trabajadas a tiempo, dando los apoyos necesarios al niño en el momento clave, van a suponer una diferencia fundamental en su desarrollo. Pero si lo dejamos pasar, si nos dejamos llevar por el “ya llegará, ya lo hará” y los consejos de otros padres (que no profesionales), podemos estar mermando el desarrollo de los niños. ¿Dónde está el respeto al niño entonces?

Con todo esto podemos, y debemos, plantearnos qué estamos haciendo con nuestros hijos y, sobre todo, cómo. Y mantener una mente abierta a la crítica constructiva, y al cambio. Ser flexibles en nuestras perspectivas, seguir aprendiendo con ellos, a su ritmo. Con un respeto real por su desarrollo. Y con mucho sentido común.

 

“To let the child do as he likes when he has not yet developed any power of control is to betray the idea of freedom.” Montessori, The Absorbent Mind

 

Leer más

Resilencia. Estrategias prácticas para su desarrollo.

La resilencia es la capacidad que tenemos para afrontar las adversidades o situaciones difíciles. Y la vida está llena de ellas: cambios familiares, diferencias con amigos, enfermedades, consecuencias de una pérdida (trabajo, familia, amistad…).

Nos cuesta entender la necesidad de desarrollar la resilencia en niños teniendo en cuenta que hoy en día la perspectiva que tenemos tiende más hacia el hacerles la vida bonita, que no tengan que pasar por lo que yo pasé, que no sufran ni conozcan el sufrimiento, que ya les llegará… Y tantas otras bienintencionadas razones para hacer que los niños no se tengan que enfrentar a situaciones difíciles, pero, ¿Qué pasará mañana, cuando se hagan mayores y no sepan enfrentarse a esas situaciones?

La resilencia no se trata de “ser fuerte”, no mostrar emociones o que las emociones no nos afecten.

La resilencia se basa en ser capaces de enfrentarnos a esas situaciones difíciles utilizando estrategias, de tener capacidad resolutiva ante los problemas. Y salir fortalecidos de esa experiencia.

¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos a fomentar la resilencia? 

1.  Pedir ayuda. El ser capaces de enfrentarnos a los problemas no quiere decir que lo tengamos que hacer solos. Algo que nos cuesta mucho hacer es precisamente pedir ayuda, y es muy importante que lo hagamos y enseñemos a los niños a hacerlo. Pero eso no quiere decir que nos vayan a resolver el problema, sino que vamos a contar con apoyos a la hora de resolverlo. Si cuando los niños nos piden ayuda les damos la solución, no aprenderán tanto como si les damos las herramientas para comenzar a solucionar el problema. Empezando por cosas tan simples como abrir un zumo. En lugar de abrírselo, les enseñamos por dónde hacerlo, y si se cae un poco, les enseñamos como limpiarlo. Y así, poco a poco…

2.  Equivocarse, cometer errores, es una base indispensable para el aprendizaje. Siempre y cuando lo enfoquemos a la resolución de los mismo, a encontrar modos y maneras de solucionarlos.

3.  Educación emocional. Que la frustración nos lleve a la resolución, a la búsqueda de alternativas, y no que bloquee, impidiendo el crecimiento personal. Es clave que permitamos que los niños se frustren, y que les ayudemos a descubrir herramientas que les permitan superar dicha frustración. Si como padres cubrimos cada necesidad, solucionamos cada problema, ¿qué están aprendiendo nuestros hijos? La educación emocional es fundamental, y está muy ligada al desarrollo de la resilencia. Educación emocional. 5 pautas clave a seguir con nuestros hijos. Pero ojo, no nos quedemos en lo emocional, debemos ser capaces de volver al problema inicial y ayudar a su resolución.

4.  Predica con el ejemplo. Los que me conocéis ya sabéis que considero el ejemplo que damos a nuestros hijos clave en su aprendizaje. El viejo dicho de “haz lo que yo te diga no lo que yo haga” no tiene cabida alguna. El cómo afrontamos y resolvamos los problemas delante de nuestros hijos, va a ser una fuente de aprendizaje muy importante para ellos.

5.  No evitemos los riesgos, las situaciones difíciles, el que hagan algo mal. Deja que se arriesguen, y ayúdales a resolver los problemas paso a paso, desde la regulación emocional (venga del miedo, la frustración, el enfado…) hasta la opción escogida para resolver el problema, pasando por aquellas preguntas que nos acerquen a dicha opción o solución.

6.  Enséñales que no tenemos todas las respuestas. No tenemos por qué responder a todo lo que quieren saber. Enseñarles a buscar sus propias respuestas, a crear más preguntas partiendo de la suya, les ayudará a pensar, a investigar, a no esperar inmediatez de resolución ante los problemas.

7.  Hacerles competentes, pero además que se sientan competentes, es imprescindible para un desarrollo adecuado de su autoconcepto. Autoestima y Autoconcepto. Pautas para su fomento Cada aportación que hagamos en esta dirección, será fundamental en el desarrollo psicológico saludable de nuestros hijos.

“Las dificultades preparan a personas comunes para destinos extraordinarios” C.S. Lewis

Leer más
× ¿Cómo puedo ayudarte?